DIA DEL AMIGO (extendido a todo el año y a todas las buenas voluntades :) aquí se queda)

martes 16 de junio de 2009

Para comprender

Como siempre que las horas pisan el límite, parecen bullir en mi cabeza las sentencias sencillas, los juicios llanos y las conclusiones obvias.

Sé que de una conslusión a la consecuencia que le dé vida, estoy de por medio, y eso la hace improbable.

Es cuestión de decidirse alguna vez a convertir suposiciones y elucubraciones en simples, sencillas elecciones, de las que no tienen vuelta atrás.

Pero busco ser medianamente justo conmigo y veo cantidad de elecciones hechas en los mejores términos, con total conciencia, y que, además de ser más que satisfactorias, me han dado la alegría de ser capaz de elegir por mí y para mí caminos que hacen al gusto de sentirme bien (y hacer sentir bien) a quienes quiero y busco querer, con su conocimiento, con plena conciencia de què cosas lo hacen difícil y cuáles son los valores puestos en juego.

Porque querer no es sencillo.

Y no se trata del juego (aparentemente romántico) de lo que pierdo o pongo en riesgo, porque esos lugares comunes tienen mucho de falso.

Es MUY IMPORTANTE el cómo se miren las cosas.

Porque la sombra será mucho más larga si elijo un juego sucio solamente por ignorar la luz ajena.

Los puntos de vista no son tan importantes a la hora de entender que somos diferentes.

Es más importante aceptar que los puntos de vista existen.

No importa si entiendo tu lenguaje.
He de aceptar que, incluso en mi màs profunda ignorancia, lo que me puede sonar a balbuceo puede esconder màs sabidurìa que un silencio que creo ser capaz de comprender.

Y en esa alternativa de imaginar que puedo entender el deambular de tus ideas, aún sin haber caído en la cuenta de su profundidad, me voy ganando el tiempo de haberte conocido y disfrutar lo que sí comprendí.

Como mimos intentando comunicarse, uno sin voz, otro sin manos, son el tiempo y la voluntad los únicos vehículos que pueden acercarnos hasta creer comprender, y luego aunar el baile de los pensamientos y los cambios de humor, para evitar el enojo inútil de la falta de comprensión (nacida de la voluntad de no interpretarse) y ganar la posibilidad de buscar las huellas en la superficie del agua (ejercicio exigente, pero satisfactoriamente lleno de placeres, cuando lo único que busco es interpretarte).

Como siempre que el cansancio me pone en estado suspendido, las ideas sencillas no consiguen hacerse de palabras prolijas que las presenten como son, sim complicaciones.

Como siempre, sería más sencillo poerlo en un beso, servirlo en una caricia.

Pero deseaba decirlo.

lunes 6 de abril de 2009

Si se siente mal ...

Cuando te parece que está mal, ESTA MAL.

Más allá de las presuntas verdades absolutas.

Si se siente mal es que algo anda mal.

Solemos tener la pretensión soberbia de gritar a la cara de nuestra contraparte un oportuno "ES QUE NO PODES COMPRENDER QUE LAS COSAS NO SON ASI" en la notable situación de estar callando un "PORQUE SON COMO YO LAS INTERPRETO". 

Incluso puede que ni lo calle.

Sin hablar de soberbia, que trae la sensación de enfrentamiento que me gustarìa dejar de lado, podrìa intentar con ceguera, obcecación y otras lindezas que, creo, tampoco ayudan.

Me gusta màs la idea de llamar la atención sobre algo que parecìa obvio, y no veo por què habrìa de mantenerse como algo seguro: LA CONTRAPARTE.

Lo que hace que exista una contraparte, asumo, es algùn tipo de enfrentamiento.
Arrancando la rueda de nuevo, empezarìa por: "COMO DEJÈ QUE ME ENCERRARAN EN UN JUEGO de enfrentamientos si insisto en que no me interesa"?

Viene a ayudarme esta parrafada. Justamente estoy haciendo el intento de esquiva el bulto, dejar pasar al toro, admitir que busca toparme, y aùn sabièndolo hallar la manera de mantener mi propio equilibrio en la vereda en que no pueda alcanzarme.

Seguramente de no haber sufrido una embestida (menor, pero molesta, como todas) esto ni existirìa.

Lo cual es otra tranquilidad.

Uno acepta reconocer que sangra por la herida pero reniega por no derramar làgrimas.
Si la tormenta no me interesa, se considera buen tiempo.

Lo que màs me gana de este tema es notar que, si bien me enoja la situación, el ejercicio de "esquivo y pasa" sumple con su función.

La bestia pierde interès cuando no ve a quièn enfilar.
Yo no oigo barbaridades que no me interesan.
Y se hace el silencio, que es (supongo que tanto como la muerte) un final digno para situaciones insostenibles.

Y vuelve la paz.

Con algunos movimientos de tierra, como èste. Con el rumiar del "por què no podrà hacer silencio" cada vez màs lejano.

Y la paz me gana

...

Tiene que ver con las primeras líneas.

Cada cual lleva adelante su vida en base a lo que interpreta.

Incluso cuando se deja llevar por la opinión ajena, pasa por la interpretación que hace del valor de la palabra ajena, contrapuesto con el de la propia, con las opiniones sin formar, con el juicio vacilante, con la inseguridad que otorga a otros el papel de comandante de las propias elecciones.

No me gusta elegir lo que no me convence.
Y cuando lo elijo, sè que es por algo que, de momento, está un punto por encima de mis preferencias. Puede ser el deseo de dar al otro su oportunidad de mostrarme otra verdad, la curiosidad por verificar la verdad ajena, una renuncia en nombre de evitar más discusión sobre algo que no lo merece.

Y en esos términos, conociendo incluso que puede ser una negación de las opciones que tomaría en otro momento, sigue siendo mi elección.

Siempre que negándome pueda cambiar el camino, y que acepte màs o menos conscientemente, seguirá siendo MI ELECCIÓN.

Y no se trata del orgullo de renegar y porfiar para decir que me salgo con la mìa.

Al contrario.

Se trata del reconocimiento de la responsabilidad sobre los propios actos.

Parece sencillo y, casi, válido, declamar que el camino elegido no era evitable porque las cosas estaban dadas de tal modo que "DEBIA ELEGIR ESE CAMINO".

Sólo que, simple y sencillamente, no suele ser cierto.

No tiene opción quien se debate entre la vida y la muerte.
No llega a elegir quien fue minado en su voluntad.
Le quedan pocas opciones a quien ha pasado de una dieta magra al hambre.

Sin embargo, quienes se esconden tras la ausencia de responsabilidad son presonajes mucho más cómodos, con demasiadas opciones, peor aún, muy llenos de viejas promesas entregadas al costo de favores previos, con miles de alternativas entre las cuales elegir libremente a cada paso.

Es cierto que en sus primeros pasos la avaricia y el deseo de poder los ha encandilado, que no han visto cómo los flautistas se encargaban de encauzar a ratas de su tipo, y fue incapaz de notar que, como él, como ella, cantidad de otros creídos merecedores de los favores de las diosas de la fortuna se transformaban en esbirros de quienes, con más orden, formalidad y crudeza, detentaban el poder real y lo fortalecían gracias a su bailar estupidizado al son de halagos y grandes migajas.

Los flautistas compran pueblos.
Las ratas los arrasan para ellos.
Los pueblos, y los pobladores, busca el camino para no sucumbir a sus vaivenes.

Y lo que se siente mal, ESTÁ VERDADERAMENTE MAL.

Molesta ver desfilar a las ratas.
Saca de quicio la oferta con sonido a estafa de los flautistas.

Uno ve, oye, siente, y hasta consigue hacer un pequeño recuento de cuántas veces el paseo de las ratas, en sus idas, como en sus regresos, ha ido socavando las reservas.

Uno lamenta, reniega, de las reapariciones de los flautistas que propagan a viva voz las bondades de su gestión.

Y en lo grande, como en lo pequeño, las historias toan carices similares.

Lo que en una rencilla personal hizo surgir la convicción de que la mejor manera de evitar ser víctima es no participar en contiendas poco convincentes, se hace presente en esta guerra sin declaraciones que busca incorporarnos sin haber pactado costso ni premios.

Sólo un atisbo de civismo y descarnada cobardía (quizá el temos a que todos hagan lo que uno) se hace presente para solicitar que separemos la paja del trigo, si lo hay, y llama la atención sobre el peligro de dejar pasar por la vereda de enfrente a todos los carruajes, sin notar en cuál de ellos viaja el cadáver de nuestras ilusiones.

Volvemos a las elecciones, a la responsabilidad incluso por las omisiones, y al deseo de, mínimamente, estar notificados del deceso de las que nos corresponden.

Elección, en mi caso, es no violencia, no puño alzado, no reclamo en el camino de aprovecharme (a sabiendas, al menos) de lo que pueda estar quitando a otros.

En mi caso, como he aprendido de otros muchos, es camino sin enojos ciegos, es paso tras otro paso, es palabra tranquila al oído exaltado, es palabra tierna a la piel sufrida, es paz aún con miedo, es valor del pequeñito (del que puedo) con el orgullo de que mañana será algo más que hoy,

Estamos en las verdades relativas.

Me enojó un contrapunto de acitudes soberbias en el cual lo único claro era la diferencia de puntos de vista.

Y que lo que se siente mal en lo íntimo, definitivamente, tal como molesta, es algo que está mal.

lunes 2 de marzo de 2009

Cumplaeños

Llegan los días en que uno desearía hacer simples los deseos y conseguibles sus pretensiones.
Encontrar sencillo reunir tamto familia como amigos, en particular, las provenientes de ambas vertientes, cuando el camino nos dio una bifurcación y tuvimos la suerte de llegar a un nuevo encuentro.
Sólo que, por injusto que pudiera parecer, la felicidad, la sencillez, la simplicidad, la distancia entre las intenciones y lo obtenible, la diferencia entre lo que se busca provocar y la manera de recibirlo de cada cual, pocas (demasiado pocas) veces se asemeja cuando intercambiamos el cristal, cuando elegimos un punto de mira nuevo, cada vez que nos toca ser alguien distinto por el sencilo cambio que nos provoca vivir hoy con diferente sensibilidad que ayer, mañana con otras intenciones que la semana que viene.
Y esto, sin mencionar que quien busca y quien percibe, desde el momento de ser dos, inauguran mundos alternativos de interpretación.

Así, la intención franca y simplista de reunir los afectos se transforma para unos en embrollo, para otros en incordio, para ciertas personas en un problema de piel, y para otrs en ocasión de aburrimiento.

Hoy, en particular, veo llegar la ocasión en que desearía provocar esa breve reunión tormentosa en que ocasionalmente se entremezclan los pasados en común, los presentes amistosos, las anécdotas no compartidas, el contacto franco y sin segundas intenciones, alguna frase algo más profunda cuyo sentido suele nacer en algún momento pasado, y la broma superficial que nos recuerda que, en una pequeña ensalada, todos los matices hacen al conjunto y su sabor, todos son necesarios, porque todos aportan un guiño de nuestra esencia, una hilacha de nuestra personalidad, hebras intangibles de lo que buscamos, formamos, y nos forma.

Quizá hoy no se pueda conseguir.
Lo interesante es que sé que ha existido, que permanece en mi voluntad, y que podría ocurrir, sin necesidad de que fuera en un futuro tan lejano.

miércoles 4 de febrero de 2009

Medianamente aburrido...

En el silencio, quizás, de puro estar aburrido,
creía extrañar un poco el que no hubiera palabras
a la mano, disponibles, dispuestas a decir algo que,
de algún modo, sorprendiera mi letargo sin sentido.

Esperar que haya milagros, por puro entretenimiento,
se me hace más bien malsano, sin juicio, es justo verlo,
pero en el primer instante, y aún lento,
antes de hallarle sentido,
parecía lo más sencillo: quedarse a esperar del cielo.

Al paso de los segundos, que la inactividad hace horas,
desée tener entre manos un producto casi vivo...
y me arrojé de cabeza sin más que un esbozo fino,
deseando que un par de ideas tomaran cuerpo y, con tino,
me entregara recompensa, así, conmigo aún en vilo,
sorprendido en la crudeza y seguridad de lo recibido.

Parece un sueño, lo opuesto de una vulgar pesadilla:
la ilusión sin freno hecha motor de algo aún no vivido,
puesta como mecha y creyéndose a punto de espectacular estallido,
sólo para impresionarse a sí misma... que en el aire,
sin más tino, aislada de lo cierto,
es apenas voluntad de sorprenderse a sí misma.

Es un enredo, y no pugna por recobrar la razón,
más allá del simple hecho de haber resultado el motor
de un par de líneas en rima, de un instante entretenido,
de (voy a reconocerlo) un vergonzoso equilibrio
entre las pobres ideas y la peor forma de admitirlos.

martes 20 de enero de 2009

El aderezo del camino



Las palabras pueden ser un cerco.
Los silencios pueden ser un cerco.
Uno, esencialmente, puede convertirse en la causa de que todo derive en el propio cerco.

Las palabras correctas pueden ser un camino.
Los silencios, cuando correctos en su esencia, pueden perfectamente ser el mejor abono del mejor camino:
un camino abonado puede convertirse en un ser vivo, en una guía.
Y una guía, si es la correcta, o una de las correctas, puede abrir una de tantas buenas puertas que lleven el alma desde el interior oscuro (entiéndase: cercado, y de allí, a oscuras) a la iluminación por la que siempre hambreada, el alma de marras, sencillamente, creerá haber cobrado vuelo, percibirá su ruta como un universo novedosamente expandido, saboreará dulces las mismas situaciones que, sin la guía correcta, eran amargos tragos que escasamente ansiaba soportar con sobriedad.

Las ilusiones pueden ser luminosas,
y las luces, verdaderas,
el encandilamiento, como una forma de vivir,
es como el aderezo que hace un manjar del bocado usual.

Porque, lo que cree poderse juzgar de usual, deja de serlo desde que su significado ennoblece,
porque la alegría desde el alma es la nobleza a lo que me rodea,
porque no hay mala voluntad que sobreviva cuando la alternativa es ser libre,
y porque la libertad bien entendida incluye alimentarla.

Porque para las cosas buenas no basta el buen material,
ya que el clima y quien lo favorece son sus mentores,
porque no existe la fuerza en la semilla capaz de superar un entorno de muerte.
Porque la vida, desde el interior, como entre nosotros,
suele requerir amor de dos para cederse,
y un amor, en sus mil muestras, es el terreno 
donde podrás hallar la flor más increíble, llamativa y suficiente,
por encima del clima ensañado, y el entorno estéril.

Un aderezo, una ilusión... llámalo como prefieras.
Inevitablemente preferiremos disfrutar de si presencia,
y no recordar que existió, pero ya no lo sentimos.

Hoy es hoy, y de hoy el mañana. Y hoy busco preparar la continuidad,
asegurar (si es posible) que el terreno esté abonado,
que no me sorprendan los fríos a terreno descubierto,
defenderlo de la helada.

Desconozco hasta dónde depende de los hados,
o si la voluntad es suficiente para torcer los destinos,
si es que existen.

Mas sé que rendirme a ser esclavo de esos dioses
quita la vitalidad, y de esa sé, a ciencia cierta, que es la vía.

Abierto el cerco, ya en camino, tú a mi lado, y yo contigo...
Suena tan dulce como que comprendí hasta qué punto quiero vivirlo

sábado 10 de enero de 2009

Palabra : felicidad

...

cuando una vocecita pide alguna frase bonita,

cuando una personita especial se emociona,
cuando un pedido cualquiera deja al descubierto, para la mirada que desea encontrarla, esa blandura del interior que busca contacto del alma,
cuando los tiempos escasos màgicamente ensanchan unas horas para convertirlas en vida,
cada vez que una lìnea o una frase muestra que el corazòn sigue expuesto, y que sus oìdos tienen el rostro de quien esperan oír...

en cuanto caigo en la cuenta de cuánta felicidad se acumula en el saco que graciosamente se mece en mi espalda, esperando el despertar que lo convierte en protagonista, para regalar su bagaje de incontables alegrìas al módico precio de un instante de paz...

aún cuando una discusión parecería ser causante de ingratas desavenencias, pero la misma naturaleza (de las personas que se quieren bien) nos lleva a caminar la ruta del encuentro, tomando como referencia el deseo de entendernos...

siempre que nos detenemos a reinventar un balance, en el que lo positivo prima por encima de cualquier posible deuda, simplemente porque deseamos lo que podemos ofrecernos, nos ofrecemos desde lo profundo, profundizamos en comprendernos, y (gracias a esa gimnasia) nos comprendemos más allá de las palabras...

sólo se me ocurre la palabra FELICIDAD

lunes 5 de enero de 2009

De movilizaciones internas...

Lo bueno, lo lindo, lo agradable... se vive tal como es.

Con el tiempo, no habiendo malestares ni vaivenes molestos, uno puede llegar a acostumbrarse.

Y, más allá de reconocer lo bueno de una estabilidad grata, comienza a presentarse cierta inercia.

La inercia, que en pleno movimiento es una buena ayuda para mantenerlo, una vez que se ha cedido a la falta de motivaciones, podría coonvertirse en la principal responsable de una inmovilidad difícilmente deseable.

Soy un ferviente defensor del movimiento errático, no repetitivo, no llano, no rítmico.

Un poco de ritmo es bueno hasta que, tras el tercer compás produce el mismo efecto que la cuarta copa de vino: amortiguación y desinterés, aceptación sin juego de la mente por imaginar el paso siguiente, acompasamiento del paso ante la inevitabilidad del compás aún por venir...

Las emociones juegan igual, como los deseos, como su freno, como todo lo que exige una neurona despierta para atender al cambio de rumbo.

Las emociones más profundas, con su naturaleza menos a la vista, y mucho más expuesta, piden variantes también nacidas en lugares más íntimos, con ingredientes muy finos para ser puestos en palabras o expuestos a la intemperie.

La harina, al ser tamizada, puede ofrecer lo más fino que posee, pero se estanca y detiene en el cedazo, a menos que reciba su dosis de novedades, un ritmo que la motive.

Y en el corazón, los sentimientos vivos, lo son justamente por esa pequeña energía permanentemente puesta en juego para convertir un instante en novedoso; una frase, en compartida; un gesto en inesperado, más allá de cuánto se conoce a la otra persona.

Me agrada la idea de no perder esa posibilidad de "movilizarnos" ...

viernes 2 de enero de 2009

Inevitable

Dos pasos en cercanía
no pueden ser tan difíciles.

Debería ser capaz de no lanzarme a tu piel.

Cercar sin cerrarte el paso,
rodear sin quitarte el aire,
rozar sin ser detectado,
o simplemente ignorarte...

Debería ser capaz de mantenerme a distancia,
de soportar el silencio,
de callar,
de ignorar... lo que no puedo.

... debería ??

Si tuviera que juzgarme,
este querer que no puedo es la incontestable prueba:
... lo lamento ... es que TE QUIERO :)

lunes 29 de diciembre de 2008

Dulce...



Dulce...
Y de lo dulce, lo suave...
De la paz, la caricia
y la satisfacción de quedarme.

En la sonrisa, la invitación
a desear siempre algo más,
con toda la suavidad
del par de alas que,
aceptadas, 
llevan en sobrevuelo agradecido
mi alma por cerca de tu alma.

Con algo de silencio, 
y acercamiento,
calor y fragancia,
expectante...

Quisiera ser capaz de sostener la tensión de cada momento,
convertir el deseo en alfombra,
darte a recorrer, con las yemas de mis dedos,
un paseo que apenas te roce, y en fuego te sostenga,
como si pudiese hacerse eterno.

En esa eternidad fugaz, dueño y esclavo,
encandilado y deseoso de la misma luz que labro,
forzando la tensión de mantener casi un contacto
en el rozar de piel a menos de un alma de distancia.

Dulce... Muy dulce...

jueves 18 de diciembre de 2008

Harto no basta

Suena casi violento, pero es de las cosas más obvias: no es suficiente con estar molesto.

En realidad, y por no quedarme corto con las ideas antes de haber comenzado, tampoco alcanza con estar satisfecho, ni feliz.

No se trata de un cubo, no hay caras opuestas que exhibir para demostrar que el argumento tiene un centro.

Más bien, se me ocurre que es una superficie escamosa, que parece ofrecer una referencia, compuesta de diferentes (aunque no tan disímiles) piezas que buscan, simplemente, mantenernos alejados.

Ohh..... Sospecha.... Si surge la posibilidad de alejarse... significa que existe algún tipo de proximidad inquietante.

Alguna característica atractiva se esconde de nosotros, o es escondida por alguien.... Y esa superficie que vamos descubriendo imperfecta, aunque coordinada, empieza a ofrecer la prueba de una voluntad dedicada a obtener para nosotros la ignorancia de... De qué??

Recomencemos el recorrido, para verificar no habernos perdido entre las palabras.

Harto no es suficiente: en mis términos, se refiere a la sensación de estar saturado de algo, de modo que, más allá de la posibilidad de haber creído inicialmente en ese algo, creyéndolo bueno o malo, agradable o detestable, llamativo o indiferente a nuestra pecepción, hemos llegado al punto en que nos ha cansado, se ha excedido en su rol, superó la medida de lo aceptable, y se sitúa exactamente en el lugar de lo que desearía ver desaparecer, en la ilusión de así sentirme mejor.

Suena tonto. Se percibe tonto, Quizás sea... O quizás necesite (como me gusta dibujarlo) ser analizado desde una perspectiva más amplia (día de palabritas ampulosas éste), para tener uno, dos, tres niveles del juego a la vista... Como haría un buen jugador de estrategia: sea ajedrez o ta-te-ti (tres en línea), damas (de todas las nacionalidades) o diálogo simple y puro.

A ver: si siena tonto, puede que, además de tonto, sea poco comprensivo.

Primer punto: qué es lo que harta? Qué es lo que cansa? (Primer paso, levemente al costado, y amplio hacia atrás).
El hartazgo es casi el final de un ciclo (y probablemente, el centro de otro, y hasta el inicio de un tercero).
La oquedad interior que provoca repetir algo hasta que pierde el sentido, como ocurre con una palabra que nace al pensamiento con un significado, pero lo pierde sin que comprendamos dónde o cuándo ha ocurrido si dejamos al animal interior formar un círculo verbal y encerrarnos en él.

Entonces: lo que harta es el sinsentido. La repetición de algo que nos era indiferente, lo ha elevado a la categoría de algo presente, consciente en mayor o menor medida.

Me refiero a ser consciente de algo, a percibirlo, aún sin consentir (ahora hablo de aceptar) .

Para recuperar los pasos: Comencé harto de algo, saturado, sin tener claridad del hecho, y voy comprendiendo que, en parte, soy responsable por no haberlo analizado, no haber sabido poner los pies fuera del círculo (realmente vicioso) que permite que lo que me molestaba se oculte en la rutina de ser ignorado.

Suena rebuscado, pero es la historia de un día normal: algo me molesta, está mal visto reaccionar con una negativa rotunda a algo que aún no tiene tanta importancia.
Así funcionan las leyes. No puedo reclamar que, de avanzar sin frenar, porque creo que no está atento, un conductor distraído probablemente me dañará.
Debo ignorar sus causas, actuar a la defensiva, planear evasivamente, para que su distracción no cruce mi camino, y su camino no me deje accidentado.
Decido ignorar el tema, porque nada parece aportar al tema mi molestia interior, hasta que me cansa el esfuerzo.
Lo mismo si toca esforzarse en el trato diario.
Y se repite con el maltrato de las esferas de poder, que me obligan a mecerme como un alga, al son de sus pretenciones, sus caprichos, sus negocios, vanidades, vicios, y violencia para con quienes no tienen más remedio que dejarlos actuar.

Ya estamos cansados de algo que va asomando a la conciencia.
Y el rayo de luz que creía que iluminaría la comprensión, inicia a la vez una revulsión interna contra esto, ya más concreto, contra lo que sé de antemano que no puedo pelear (no al menos si deseo mantener los escasos privilegios que creo disfrutar).
Comienzo a discutir en mi fuero interno cuándo creí que mi posición fuera en algo ventajosa, y con respecto a qué.
Sé (porque aún no ha pisado el subsuelo de la estupidez) que hay quienes están muchísimo peor en miles de aspectos, que lo sufren más injustamente... que hay quienes (por millones) están al borde de la inanición, y otros tanto que ya lo han superado y dejaron este lugar...
Comienzo a discutir conmigo qué es lo que me hizo pensar en sostener esto, sus condicionamientos, sus exigencias, al punto de cuasi negar lo negativo, las víctimas.

No basta: Cuando la causa se encierra en sí misma, cuando el río no desemboca, cuando el silencio se acrecienta, surgen los vicios en la conducta, los ríos subterráneos, la violencia interior sin destinatario a la vista.

La negación, al mejor estilo del big-bang, provoca una explosión difícil de controlar, en un momento difícil de prever, con un alcance inimaginable, más allá de futuras calmas y subsiguientes tormentas.

La negación, al mejor estilo de una batería que se recarga a sí misma, se repite en su accionar.

Pero tampoco los desplantes sin concierto ni control resuelven la causa primigenia: no aumentan la comprensión del problema, ni revierten sus consecuencias, a la vez que transforman el hartazgo en una herida labrada con la daga de la comprensión a medias.


...


Hora de dar otro paso, de poner otro nivel de distancia enre nosotros y el efecto, buscando abarcar algo que, hasta acá, parece sonar como música de fondo, confundido por las propias palabras.

De qué estaba hablando? Qué es lo aún no nombrado que flota en todo lo dicho?
........ la acción ........

Llegué del hastío a la conciencia de una causa, y en el dolor de notarla genneré alguna reacción, pero me asaltó la noción de estar en un camino perdidoso.
una reacción desmesurada, descontrolada, mal dirigida, es una acción que no me satisface.
Aquí, por primera vez, me animaría a habla de CONCIENCIA.
Ahora sí CONSENTIRÍA con gusto en ver con más detenimiento las causas "reales" que han conseguido tanta reacción ignorante de orígenes y destinos.

Empezaría por ver que, en la raíz de estas cadenas, siempre hay personas.
Aún no me animo a alejarme otro paso... Creo que no tengo la habilidad para ver esto desde más lejos.
Sin embargo, no pienso detenerme a enjuiciar la naturaleza humana, sus vicios y justificaciones, mis miedos y traiciones.
Sí iniciaría la gimnasia con una aceptación de las reglas de juego al viejo estilo: no me quedaré en tu camino por ver si me atropellas, porque no perderé el tiempo en la tonta ilusión de reclamarte haberme dañado.
Sólo que ahora cambió el nivel de juego, porque conozco un infinitésimo más del qué y el cómo me siento.
Y estoy más lejos del hartazgo, simplemente por no haberme humillado incondicionalmente a repetición con lo que no deseaba ver.
Es cierto que aún se ve poco, aún se soportan cosas, aún se está en riesgo, pero todo ocurre en un universo más comprensible.

El paso siguiente... el paso que sigue, quizás sea algo más esotérico, más relacionado a creencias superiores, a destinos por cumplir, a creencias que aunar.
Quizás, incluso, haya varios pasos, más pequeños, o con más sustancia, que deban nacer de lo íntimo antes de ofrecer algo de luz.

Felices próximos pasos.

viernes 12 de diciembre de 2008

Asomando...

Las palabras claras suelen tener buena fama, aunque pueden constituirse, por sí mismas, en una fachada.
No se trataría, gracias a la propia naturaleza de tan tiernamente inocentes palabras, de una fachada artera, de aquellas que se elevan buscando ocultar realidades, con la pretenciòn (traicionera a mi entender) de engañar a quien tropieza con ellas.

Creo.... mentira. En realidad SIENTO, por la parte que elijo vivir, que una fachada (como tantos ejemplos que sabemos ignorar) es una herramienta de, al menos, dos caras.
Y es la cara que da al interior la que acabo de encontrar que, aùn con buena intención, busca pintar un cuadro, darle tonalidades que endulcen la propia imagen, y acomodarlo en la ventana que elige en cada ocasiòn para mirar al exterior... con la esperanza de tener un buen reflejo propio con que confortarse.

Así, más allá de las buenas intenciones, los actos fallidos y las interpretaciones dispares de uno y el resto sobre el mismo punto, sobre todos y cada uno de los temas que se nos ocurra compartir, e incluso de aquello que creamos mejor mantener a un lado.... siempre alejados de la interpretación del otro... siempre aislados por esa distancia incomprensible (la que puede crecer hasta tornarse irreconciliable) ...........


Pero no necesita convertirse en algo triste.
Como tampoco debe ser un mandato torcer lo que no desea ser diferente, por encima de nuestra voluntad o esfuerzos.
En la misma medida en que no debe ser disculpa el miedo a abrir la boca, o a cerrarla si es el mejor camino, tampoco es sensato malgastar todas las fuerzas al pie de los molinos de viento, cuando con un par de brazadas en el lugar y momento oportuno pueden ser de provecho real al alma propia y a la de quien le toque soportarnos de cerca.

Ni es vergüenza buscar ser en el hoy la mejor opción de alguien, o el desear que ese alguien sea para nosotros (ahora, en este enstante) el todo que necesitamos.

No importa tanto la idea que hoy ronda mi cabeza...

Cada vez que se impone el gusto de sentir con la totalidad del interior, en esas ocasiones en que el alma parece querer salir del cuerpo, disfrutando del casi contacto con quienes conseguimos asimilar nuestros sentimientos, tengo ... una sensaciòn que se asemeja a la de estar de pie en el ojo izquierdo de mi cràneo, firmemente tomado con una mano, a punto de derramarme al exterior, con el viento de la vida fuera de mì mismo provocando tanto vértigo como la altura hasta el piso de los silencios sin fondo. El viento aullando en los oídos es la excitación de avanzar en terreno desconocido.

El gusto, la adrenalina, la satisfacción, y el premio de no ser el único agasajado.


:) a esta altura, me alegra haber olvidado profundizar en la habilidad para el desentendimiento (si asì puede describirse a la incomunicaciòn natural en nuestra especie) :)

miércoles 10 de diciembre de 2008

Palabras

Ocasionalmente, uno se siente tentado a pensar que a las palabras se las lleva el viento.

Porque, de vez en cuando, duele la sensación de que se hayan olvidado los compromisos no escritos.

Quizás es entonces cuando se tiene la oportunidad de notar que las palabras, para unos, fueron grabadas a fuego, mientras que a otros no consiguió dejarles huella alguna.

Entonces... se abre la grieta en la piedra, y la comprensión a lo más sencillo: no son las palabras las que pueden o deben ocuparse de su destino...

Se trata, según parece, de la más simple de las obviedades: la herramienta es herramienta, quien la esgrime es quien elige su uso, y quien recibe el resultado de esgrimir la herramienta es quien determina la existencia de su obra.

Si piedra, duradero puede ser. Si arena, fugaz y voluble. Si agua, reacio a aceptar su mella.

Somos el destino de las palabras que obran en nuestra presencia.
Somos los responsables de ignorarlas o hacerles los honores.
Somos los dueños de hacer perdurar su valor, o de hacerlas víctima del olvido.

Somos, y esto no es tan obvio, quienes crecen por dentro con cada palabra comprometida y respetada, más allá del valor otorgado a su cumplimiento por terceras partes, y de manera mucho más sutil que la más fina línea sobre las aguas más embravecidas.

Y el orgullo del respeto por la propia palabra... no tiene precio

miércoles 8 de octubre de 2008

La fuerza de lo esporádico

Lo bueno de las noticias esporádicas, aunque suene tonto, es (supongo) eso que las hace similares al goteo de una lluviecita veraniega: parece poco, se siente profundo, y con pocas palabras (o pocas gotas) despierta mucho del interior...


Poco claro, pero sincero :)

martes 23 de septiembre de 2008

El "hace tiempo", el "ahora"... y lo que le sigue

Hace tiempo que, por encima de los chascos diarios, los pormenores de trabajo, las presiones de buscar la convergencia entre amigos, familias y pareja, los altibajos de salud y la eterna escasez de dinero... estoy sumamente feliz.

Hace tiempo que no pasa un día sin que me alegre de algo de lo que me toca.

Hace tiempo que, por mucho que me agradaría tener algo que escribir, me hallo mal motivado, y no por sentirme mal, sino justamente por lo opuesto: soy una bestia de carga de la que sólo se puede evaluar el resultado de lo que a la vista se hace con mucho esfuerzo, y me encuentro con que, dentro de las exigencias que me tocan, recorro sus senderos liviano.

Hace tiempo que no me encuentro urgido (en el sentido más doloroso que a lo interno puede significarle la palabra) a volcar las palabras que, de todos modos, me recorren... pero no llegan a poseer el calor abrasador ni la amargura que hiere.

Hace tiempo que, más allá de diversos sufrimientos que a todos nos toca sobrellevar cada tanto, mis mundos consiguen tocarse de un modo suave, capaz de recuperar sus heridas y las que me toca sobrellevar, e incluso traen cierta paz, nacida de la convicción de que las fuerzas de quienes únicamente buscan provocar enfrentamiento han de desvanecerse en lo inútil de sus propia futilidad.

Hace tiempo que decidí que lo que no sea capaz de aportarnos algo positivo ... no necesita figurar en primera plana.

Y hace un buen tiempo que lo estoy disfrutando... como un paso para el paso, aún mejor, que debe segir a éste.

sábado 6 de septiembre de 2008

Silencios

El silencio se comporta como una pequeña bestia blanda.
Como un sendero apenas esbozado, acepta acomodar la idea de su trazado a las veleidades del desvarío que regala una sombra.
Como las formas imaginadas en esos mosaicos que solamente poseen puntos, se ofrecen a la medida de nuestra solicitud, exigiendo únicamente la libertad de recorrerlos sin demasiados prejuicios.
Del mismo modo, serán incapaces de devolvernos las formas viejas al solo capricho de desearlas.
Lo que ofrecen se alimenta de lo que les damos, y se sentirán incapaces de amasar sin contar con nuestra libertad de ser caldo para su levadura.

Los silencios, mares de palabras sin conectar, como los terrenos vìrgenes, amos de todos los senderos posibles, hacen tal como esas superficies de imagen rugosa, oferta abierta a la imaginaciòn... todos ellos aguardan el único disparador necesario para desarrollarse en mundos increíbles y magníficamente variados: nuestra libertad y voluntad de recorrerlos.

Una vez descubierta la primera imagen en el piso, la sucesión de animales, personajes, poses y gestos, escasamente se detendrà hasta que acepte que se trata del fraseo de mi interior, hablando con palabras hijas de ataduras diferentes, de recuerdos conectados de manera menos restringida, aunque algo más ardua de explicar.

El mismo intento de explicarlos suele ser causa suficiente para detener la proyacción, seguramente por tratarse de facetas suficientemente disímiles como para no llegar a sincronizar el paso de la una con la otra.

Lo mismo le sucede a los senderos, que son increíblemente, asombrosamente libres de formarse, desaparecer y reconectarse, al baile del punto de vista y las ansias de visualizarlos, como negados a retener su aspecto ante el requerimiento de mis pasos, que pocas veces hallan la manera de hilarlos, y siempre optan por elegir algunos para extrañar al resto.

Los silencios juegan diferente: ellos se permiten ser, en la medida en que la paz consiga ganar el ánimo, para luego, disimuladamente, retirarse de manera gradual, sin dolor, dejando paso a hilos de ideas que nacen inconexas y se lanzan a la arena con aceleración vertiginosa. En esa arena se debaten en tormenta, hasta que una leve reducción de la misma fuerza que las trajo al ruedo, me llama la atención haber pasado de una mente en blanco (verdaderamente en blanco, visualmente en blanco), al torbellino que acabo de abandonar... y entonces vuelve a ganar la partida cierta capacidad (usualmente, mínima, porque la voluntad desea volver al estado previo en que se sentía libre y justificada) crítica, que pretende comprender qué o por qué, aunque no tenga claro, ni siquiera, el para qué podría querer esa comprensión.

Los momentos en que la mente vuela son graciosas mascotas cálidas, de las que no somos dueños aunque hayamos optado por aceptarlo, de la que esperamos su compañía porque realmente la necesitamos, y con las que nos sorprendemos y solazamos, sabiendo, en el fondo, que no tienen ninguna obligación para con nuestros caprichos.

miércoles 3 de septiembre de 2008

Algo sobre la no tan estúpida dignidad

Porque es tan digno un SI como un NO, en función únicamente del valor que te represente, y no de las expectativas ajenas.

Porque las palabras pueden envolver tanto un regalo como una estafa, y la única manera de hallar el valor que puedan cobijar está siempre a la vera del recorrido largo que permite tomar conciencia del sentido que buscan... y eso, si te preocupa reconocer cuándo el rumbo fácil y las promesas exageradas son sólo tinta lavable, cuándo las situaciones tensas y las responsabilidades fuertes son madera de construcción (que no es permanente, que es medio, que forma estructuras más fuertes que los materiales de los que se alimenta, y que ha de esfumarse en el olvido, llegado el momento).

Porque, por tonto que parezca, e improductivo que luzca, elegir el rumbo con una curva adicional, tomar la opción más trabajosa, quedarse donde la inseguridad hace temer que huyas, ofrecer el último bocado sin vergüenza de tomarlo sólo porque todos te verán... son granos de sal en molienda fina, que aportan al sabor que crece en uno, y con el que se percibe la propia persona... son rayos de sol en dosis suaves, dando resistencia y base a la propia piel, sin ser una agresión excesiva, por lo que no es difícil soportarles, pero no se trata del camino obvio... y la obviedad es la más lastimosa de las causas por las cuales el común de la gente elige sin hacer verdaderas elecciones, toma opciones que cree nacen de su interior, cuando las más de las veces son juegos de quien sabe de la pobreza al optar.

Porque, cuando reconozco las elecciones tontas, cuando admito que supe que elegiría mal, y termino rabiando por haber dado un paso que preferiría poder deshacer, todas las viejas oportunidades de filosofar sobre lo correcto y lo errado se esfuman tras la cortina de la impotencia más odiosa: la de no haber sido el dueño de mí mismo cuando debí ejercer (para luego poder disfrutarlo) ese sentido de la propiedad: la propiedad sobre mí mismo, en la medida humana.

Porque la medida humana es extremadamente delgada, del grosor de un instante, desarrollándose eternamente en avance, por ese mismo camino que antes observara en busca del sentido de las palabras.

Es muy escaso el margen de maniobra en estas condiciones...
Sin ser eternos, para usufructuar de la ímproba repetición de oportunidades...
Sin ser ubicuos, como para elegir otra circunstancia...
Sin ser conscientes, en el sentido profundo de estar interiorizado con lo que ocurre...

Es un ejercicio basado en la confianza.


Al menos puedo jactarme de, hasta cierto punto, ser confiado.

martes 19 de agosto de 2008

Palabras

Por supuesto que sigo hablando solo.

Es un pequeño vicio de los que no se abandonan con facilidad, y menos cuando el tiempo ha llevado a encontrarle un gusto casi de certamen.

Uno habla, dice y se expresa, sin derecho a correcciones, y la contraparte, digerido el tono de su sntecesor, como si se tratara de una payada, busca encontrar un nivel màs allà de lo que uno (mismo) le ofreciera.

No hay enfrentamientos innecesarios, no hay rencillas, no hay vergüenzas, porque no hay ganador ni perdedor... Es obvio que ni uno ni uno (otro, pero mismo), se sentiràn disminuidos por una frase afortunada en boca de uno (u otro), y hasta serà motivo de jactancia y felicitaciòn (dirìa mutua, aunque a uno le sonaria exagerada, tal como a uno, siempre del mismo modo, podrìa parecerle justicia simple), por el simple y sencillo hecho de hallar entre ambos, modos ligeramente nuevos de discutir los mismos temas de manera algo más constructiva.

Por supuesto... me gusta hablar de algunas cosas, aunque sea solo.

Personas especiales


Hay personas que captan la atención por su presencia.

Las hay que lo consiguen por su semblanza.

Otras nos impresionan por sus palabras.

Las hay que transmiten un "algo" indescriptible, por inasible, y sin embargo nos atan.

Cuando cualquier causa que fuera nos ha ganado, por un instante, a veces tan largo como una vida, deseamos creer que ese eje que dirige nuestra atención es la fuerza suficiente para llevar ambas partes al mismo grado de disfrute.

Cuando esa magia no desaparece con un pestañeo, nos sentimos tocados por la vara de la ilusiòn, a un paso de abandonar el equilibrio que dicta la cordura, repletos del deseo de fabricar con esa ilusión una realidad a la medida de nuestra vida, con centro en el deseo y capaz de abarcar nuestro mundo.

El milagro cobra cuerpo propio si todas las ilusiones se trastocan suavemente en pequeños hechos a desgranar, en la sorpresa de hallar en la otra persona las mismas sensaciones y deseos, la misma incredulidad al sentir que se tornan reales, 

Y es el gusto de tomar cada instante para transformarlo desde el interior, dorarlo con la simple propia presencia, y regalarlo con la magia que ofrece el estar frente a esa persona, y entre ambas fuentes fabricar ... lo que no existe, lo que no  puede demostrarse, lo que no tiene explicaciòn, y es capaz de llenar a ambas partes, en el espìritu, en la sonrisa, y la paz de compartir un instante.

Hallar a esa persona es un milagro que, aunque cuesta aceptarlo a veces, nos merecemos, para demostrar que podemos ser algo superior, mejor en nosotros mismos, y buenos inclusive para la otra parte.

Es un milagro que  quiero, porque me gusta disfrutar :)

martes 15 de julio de 2008

Sentimientos oportunos

En ocasiones parece sencillo aducir que...
...cierta melancolía puede provenir del estress...
...cierta lágrima, de una película que toca la sensibilidad...
...cierta mirada, de la percepción lejana, casi aguada, pero 

indiscutible, de gestos que se construyen más en lo íntimo que a la vista, más en la comprensión que en los hechos...

En ocasiones, cuesta reconocer que lo que más despierta una sensibilidad oculta es la misma ausencia de sus lustres.

Cuesta aceptar que, para hacer crecer la capacidad de estar con las entrañas a flor de piel, la receta más potente consiste, simplemente, en una temporada de ausentismo superficial.


Cuando ya te has regodeado de exponer la piel y las entrañas, el panorama cambia.

Ya no eres capaz de explotar por una minucia, ya no estás inconscientemente a la caza de pequeñas cosas cotidianas que despierten una erupción desmedida, justificada únicamente por la necesidad de sentir.


Es entonces, como si de una larga explanada escasamente inclinada se tratase, que aprendes a gozar una sensibilidad más"justa", capaz de detenerse unos milímetros antes de expresarse exagerada, con un esfuerzo ahora razonable, y conseguible entre los ahorros del carácter.

Y es ahora que, con más mesura, pero también con más clara intencionalidad, se gana uno la oportunidad de profundizar en los sentimientos en los que desea arrobarse.

Ya no es puro avasallamiento. Ahora exige una dosis de aertura, voluntaria, y otra de receptibilidad (si existe esta palabra), que dé la bienvenida, y la correspondiente invitación, a un sentimiento ondulante, de esos que parecen sentirse a la vez en los párpados y los lagrimales, la garganta y el pecho, los dedos entre relajados y temblorosos, la voz entre amagada y extinguida.

...

Los pequeños despertares, los asombros de la emoción, los compartires 
que se sienten ...

... realmente es agradable... y aún así, creo no saber agradecerlo...

jueves 1 de mayo de 2008

Competencias

Acabo de ponerle palabras a algo que nunca conseguí comprender.

No viene al caso la charla que trajo el tema.

El punto de interés, para mí, se centra en el ansia inusitada (a mi entender) que motiva a algunas personas a la competencia sin juicio, sin trabas previas, al margen de un juego de reglas que, para algunos, serán más sinceras que para otros.

Me encontré nuevamente en silencio, sin compartir la moción, sin entusiasmarme más que por participar en la partida, en nombre de la compañía, pero sin un final subtitulado, un podio físico o erbal, o un reconocimiento ajeno.

Otra vez, como tantas otras, en que parecía ser yo el motivador y, a la hora de la realización, el único no exaltado.

Desvariando, quizá algo alejado de la charla agitada, se me cruzó la ilusión del triunfo (así, pretencioso) en la competencia, como la idea del orgasmo en una relación casual... ambos, viciados de la sensación de un contrato, de la "no seducción" que hace al alma ilusionarse y al cuerpo vibrar, ambos convertidos en símbolo de lo inalcanzable (lo cual, puertas adentro, desde el principio se sabe una mentira) y objeto del deseo único y final (otra mentira, tanto por no ser lo único deseado, como por no ser poseedor de un final para ninguna historia).

Ambos, poseedores del mismo tablado para escenificar un virtuosismo previo que no existe más que en la propia adoración de quien cree disfrutará los laureles.

Ambos, carentes de significado más allá del instante agitado en que ilusiona sl seguidor con la explosión de haber llegado a él.

Ambos, faltos de algún sentido, más allá del histórico, y si acaso, componedores de una galería que se aleja a una velocidad inusitada en el momento en que la atención se desvía hacia otro vacío prometedor de futuro.

Y reconozco mi desagrado por los vacíos, mi pretensión, tan hueca como la otra, de darle un sentido a lo inasible, de hallarle un borde desigual y reconocible a cualquier superficie plana en la que elija posar mi atención.

Aún así, prefiero mi pretensión, por sentir que en ella construyo algo que siempre hallo un escalón más arriba, un punto más alto en la escala de los terremotos con que me agrada medir cómo siento a quien mueve así mis interiores.

Extrañamente, la comparación sigue haciéndome pensar en ambas imágenes como la misma expresión.

martes 29 de abril de 2008

Silencios.....


Los silencios son los animales más difíciles de domesticar.
Parecen, como los gatos, avenirse a la cotidianeidad sin condicionamientos, a la voluntad no explicada, a la dejadez del no pensar...
 
 Sin explayarse en ingenuas justificaciones incapaces de abarcar lo que a la liviandad del espíritu le exige hoy ser lo que vaya saliendo, tal como se dé, disfrutando de la posibilidad de ignorarlo incluso a medida que se va dando.

Los silencios son entidades unitarias por naturaleza, que hacen gravitar en el ánimo cada ruptura que los obliga a multiplicarse, haciendo patente el desconcierto de cada silencio obligado a morir a manos de una frase, evidenciando al mismo centro de nuestra conciencia cuál es el valor que debemos darle al sonido más leve que busque abandonar la garganta para llegar a ser en sí mismo una verdadera expresión, un vehículo en que deseemos embarcarnos, y no la burda estupidez que pretende destruir algo que pudo ser más precioso y más expresivo.

Los silencios son maestros a quienes rendir pleitesía, como en los cultos en los que el valor de lo que no se comprende es fuente de meditación y comprensión.

De ellos he aprendido el valor que puede darle un instante más de dilencio al gesto con el que quiero expresar algo que, por trillado, parecería rancio si careciera de ese tiempo adicional de suspenso, de cobrar fuerzas, de cargarse del sentimiento que despierta, y cargar a quien lo recibe de la tensión que lo promueve.

De los silencios he aprendido que esperarlos sin sentido no conduce a nada... Ni bueno ni malo... Simplemente a la nada... No hay un destino para aquello que no tiene de qué alimentarse, como no hay un futuro en lo que no se asienta en un presente, actual o por ocurrir.

Los mismos silencios son lo que han hecho maravillas al hacerme capaz de conectarme, con más profuncidad que una palabra, con más permanencia que un gesto, en el instante en que palabras y gestos eran incapaces de asistirme.

Son, al fin y al cabo, los silencios cargados de sentido, los que me hacen dudar de si debería dejar de trabajar mi pensamiento o debería hallar la expresión correcta que convirtiera mis tormentas en comunicación, mis malabarismos de futuros e impresiones en puentes de trànsito común sin paliativos, mis eternas elucubraciones y presuntas protecciones en libertades abiertas y motivos de juicio.

Son los silencios los señores que, tranquilos, construyen en mi mente el mundo en que vivo, más tranquilo y sosegado, más medido y comprensivo, más cercano a mis deseos, al tiempo que menos ... sometidos a mis caprichos.

Son quienes dan dimensión a lo vivido, y perspectiva a lo esperado, el tenor a lo que imagino y la tensión realista de lo que pueda esperar, lo que sea capaz de intentar, y lo que descartarè por muy diversos motivos.

Es el silencio, en su unidad, mi componente nunca dicho, sin el que me estrello en la urgencia y su dureza impenetrable, la que se abre apenas en el juego de la imaginaciòn si està abierta a lo que no veo ni palpo para darme, como regalo, la paz que abre caminos.

Y desde esos caminos es que hoy los reconozco, silencios lagos y fructíferos, silencios de vaivén de opiniones, de libertad de sentirlos, de hacer y rechazar elecciones, de definir quién soy, y quién no, de sostener convicciones que juegan más al dolor de perder a quien me creo, que a probar frutas nuevas cuando dudo del deseo, como de su propaganda y de vivir tras su duelo.

Silencio que enseña que el juicio es siempre el juicio propio, màs allá de a quièn lo aplique, qué le vea, qué le busque.

Silencio que es compañía.... y guía... y escucha...

Y ... ya me cansó tanto silencio :)

miércoles 23 de abril de 2008

Autocrítica

Qué permite al ser humano extasiarse en la observación del propio ombligo (esto es una alegoría :) ) perdiendo la noción de cuál es el punto en que se halla fija la atención?

Qué da pie a reclamos que se hacen justos apenas esbozados?

Y qué le quita visibilidad hasta ese instante de iluminación, el que probablemente no llegaría, o lo haría con eras de retraso, de no ser por la llamada de atención que, tironeando del buen sentido, reclama aceptemos su punto de vista... el que, sin importar quién se ubique allí, arroja la conclusión obvia a la cara: estoy permitiendo que el día a día me arrolle... y le doy más y mejores ángulos para que lo consiga.

Es curioso, porque el ejercicio, con más o mejor buena (o mala) voluntad, está impreso en nuestras primeras reacciones ante cualquier situación que sentimos ajena.
Todos, aún cuando inmediatamente busquemos situarnos en el trono de la ecuanimidad, evaluamos la situación del otro (al vuelo, a ojo de buen cubero, con un mínimo de parámetros que nos lleven a SENTIR lo que significaría estar en posición ajena) y creemos ser dueños de un primer juicio de valor ... al que, por ser nuestro, le damos incluso más valor (abusemos de la palabreja) que el que le otorgaríamos en caso de ser el sujeto de la evaluación.

En concreto, no suele agradarme mayormente lo de ser el sujeto evaluado.

Es una posición incómoda, porque no hay tiempo ni palabras para explayarse en los matices que hacen a cada elección (u omisión).
Allí, frases como "lo difícil es ser simple" o "lo sencillo es lo correcto" me despiertan soberanos ataques de alergia.

Agregado a esto, no soy consciente de la mitad de las consecuencias inmediatas de las elecciones que hago, ni mantengo un juicio apretado que apuntale mis decisiones de ayer... incluso YA estoy algo arrepentido de esto que estoy escribiendo...
...porque sé a quién le produce escozor leer esto en lugar de haberlo oído de primera mano...
... porque reconozco que, por mucho que guarde en el baúl el día a día, a la hora de querer sacar todo, haré esfuerzos desesperados por poner todo en la mesa, mezclaré sin guión las impresiones, y un día después desearé haber intercalado mil detalles entre cada par de gestos... y humanamente, el tiempo jugará en contra, y habré de esperar una nueva oportunidad de desparramarme del mismo modo, para satisfacer apenas un poco esa ridícula obsesión por ser el mismo que se observa (o al revés... que se vea el que soy), llevando el que se observa hasta el punto de poner las tripas a la vista.

En fin... el trabajo ahora es ser el que desde fuera creo que sería mejor, en lo que veo desde dentro que me está quitando verdaderos puntos en este juego de la vida.

Ahora caigo en que la idea con que llegué a estas palabras era algo diferente... pero se me complicó entenderme.